104 decibeles, el ruido más severo |
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104 decibeles. El ruido que se puede escuchar cuando una motosierra funciona a un metro de distancia de uno. El ruido que emite un martillo neumático en funcionamiento. Un ruido digno de una discoteca, e incluso, de un jet escuchado desde un aeropuerto. Un ruido tan potente que es capaz, a ciertas frecuencias, de hacer vibrar el cemento. El concreto y el asfalto. Y que, cuando mezcla su propia intensidad con las frecuencias subsónicas del salto sincronizado, los altos del coreo, los medios de los parlantes del Teatro Caupolicán y la distorsión de las guitarras de The Gathering, genera un efecto sublime. 104 decibeles. Eso es lo que Hans Rutten escuchó de nosotros antes de prender los equipos. Cuando los prendió, cundió el caos.
La potencia demoró en ser desatada, pero la voluntad era grande, y, cuando a eso de las 18:30 se abrieron las puertas del Teatro Caupolicán, la manada de gente comenzaba a estallar. Todos ellos iban al encuentro con el destino, a esa reunión de sentimientos, reunión de pasiones, que por tercera vez los llamaba. Y esta vez, sería la definitiva.

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Este duelo con el destino tenía su historia. 4 años antes, en un cálido diciembre, The Gathering hacía el anuncio de que visitaba tierras chilenas, en el Teatro Providencia, el 25 de Febrero de 2004. El lugar no era muy grande, pues, se pensaba, The Gathering no era una banda conocida. Para reafirmar lo anterior, pensando quizás que así "promocionaría la cultura holandesa" la Embajada de Holanda dio su patrocinio. Error fatal. En pocas semanas, todo se vendió. La banda no lo podía creer. Programaron una nueva fecha. El 24. También se les vendió todo. Y, salvo una tropa pequeña de fans incombustibles que se repitieron el plato, The Gathering era oído por 2.800 personas. Cuando llegó a "Eléanor", Anneke van Giersbergen no pudo predecir que sus parlantes de retorno reventarían, que ella no podría cantar, porque la bestia lo haría más fuerte, produciendo aquel ruido que tanto extrañó The Gathering. Aquel "Bajo la máscara, en que te has enterrado a tí mismo, está negro como carbón" resonaría en el subconsciente de la banda.
2 años más tarde, la banda trató de repetir la fórmula en un encuentro mágico, pero signado por la mala suerte. El escenario fue el Teatro Caupolicán, un lugar que, se esperaba, podría resistir los embates gatherers para los cuales el Providencia simplemente no dio abasto. La banda estaba ansiosa, pero Anneke fue atacada por una rebelde faringitis. Vimos cómo Anneke se justificaba. Le perdonamos todo. Cantó maravilloso. Pero lo único que el público no le perdonó a The Gathering fue haber tocado tan poco. The Gathering tenía una gran deuda con Chile.
"Home" llegaba a las tiendas con una canción desesperada y triste, con un nombre extraño: A Noise Severe. Un nombre que no sólo le daba dimensiones extra a la bella y depresiva letra, sino que le daba dimensiones extra a la propia banda holandesa, que venía de hacer un descanso sónico (A Sound Relief). Querían hacer el opuesto. Necesitaban hacer un bello contraste, para cerrar su etapa. Y escogieron Chile como el lugar de grabación de ese video, para saldar su deuda, y para escuchar de nuevo aquel ruido, que mezclado con su propia ejecución formaría el verdadero ruido más potente que necesitaban.
La velada, en medio de un Caupolicán vestido de gala, comenzó con el acto de apertura, los progresivos Crisálida, en un acto heroico. Con vagas reminiscencias sonoras de Symphony X, ningún parecido a The Gathering, y ante un público heterogéneo, el rendimiento de una banda telonera como esta era una Caja de Pandora. Pero ellos cumplieron. Los teclados fantasmagóricos abrieron la crisálida de un poderoso "Alas" que dejó pasmada a la multitud gatherer, provocando el aplauso y el respeto. Temas como "Sinfonía V" demostraron la verdadera esencia de una banda progresiva, el poder instrumental individual, y demostraron también lo evolucionada de la escena progresiva chilena.
Con todo, ni Crisálida, ni el tiempo, impediría el encuentro del público con el destino. Crisálida terminó, y comenzó la espera. La espera que sería eterna.
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La espera, que duraría hasta que el panel se iluminó, las luces bajaron, y apareció una imagen jamás vista. El caballo de mar de The Gathering, en versión metálica y cruzado por tres esferas metálicas de centro rojo, con la escritura "anoisesevere". Sabíamos lo que venía. Y todo, todo, adquirió de pronto sentido. Nuestro apuro se vio recompensado cuando escuchamos los cortes distorsionados de "Shortest Day". Y el que pudo ser nuestro día más corto se transformó, en efecto, en la noche más larga. Porque The Gathering lo estaba dando todo. Un sonido supremo, una conexión de Anneke que sólo se interrumpió porque estaban grabando el video, un Frank prendido, con el laptop funcionando para suministrar la correspondiente corriente de samples, una Marjolein que lucía encantadora, un Hans que abandonó definitivamente su pose desganada, y un René que sentía su guitarra a cada momento.
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El embrujo siguió cuando The Gathering, en estricto orden, continuó con "In Between", instantáneamente, como si dicha canción hubiera sido interpuesta entre la continuación de "Home" y el verdadero ruido. Y el público se levantaba, pero no caía. Tampoco nada entremedio. Crecía en poder. El ruido se multiplicaba, así como la efervescencia. La doble voz de Marjolein y Anneke no perdía su encanto, a pesar de haber perdido su sorpresa.
The Gathering iba de menos a más. Y decidió que era hora de sacar la primera arma de su arsenal pesado, haciendo sonar la "Liberty Bell". Descontrol. Se notaba ya a esas alturas por qué Chile era el lugar del ruido más potente que necesitaba The Gathering. La cámara telescópica capturaba al público, omitiendo sus sandeces, y capturando su brillo. Volaba, tal como el público, en su primera demostración de salto sincronizado. |
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"Liberty Bell" no bastaba. La bestia necesitaba más para levantarse. Velocidad, fue lo que pensó The Gathering. Así que la puso a correr con "Probably Built in the '50s". Y no pudo correr tanto, pero por lo menos se emocionó. La atmósfera en la cancha era irrespirable. En platea las cosas estaban mejor, pero ya los asientos no servían de nada. Todos de pie, mientras The Gathering manejaba su auto cincuentero hasta el infinito.
La pantalla gigante hizo su estreno con "Even the spirits are afraid". Y no a mucha gente le importó. ¿Por qué esa imagen de Buda? Nadie estaba mirando eso; todos estaban mirando el performance de Anneke, la marcha que comenzaba a debutar, la puesta de pie definitiva de Frank Boeijen, mientras Hans estaba cada vez más inspirado y cada vez más irreconocible.
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Eso se forjaría a fuego y hielo en los siguientes temas. Un poderoso "Saturnine", con todo el canto de la gente, dio paso a un más calmado "Monsters" y a un aún más calmado y delirante "Alone", con un video de una pelota. La gente oía, extasiada, cómo las texturas del teclado se escuchaban hasta el infinito y cómo el sonido del bajo calaba los huesos, en conjunción con la perfectamente ecualizada batería de Hans, todo cuadrando con un rendimiento instrumental sin fallas. Anneke, por su parte, era una fiesta per se, pero su mejor momento no llegaría aún.
Mejor momento del que, sin embargo, veríamos una insinuación cuando el tema que dio sentido a esta velada, el bello "A Noise Severe", comenzó a sonar. Un tema hermoso y depresivo, que veía al Caupolicán preguntarse "¿Qué será de nosotros? Aquel poder superior sabe". Pero no el poder superior divino. El poder de The Gathering. Anneke lo hacía sentir. Y esta vez el teclado y la batería estuvieron perfecto, no como el 2006, todo, con el fondo de un cielo gris.
La primera parte del concierto terminaría con un suave "Broken Glass", en versión, esta vez, Black Light District. La sensación de puntería se mantuvo, pero mientras una inspirada Anneke llegaba hasta lo más profundo con su voz, que siempre mantuvo perfecta esta vez, la instrumentación se reducía a sus mínimos. Terminaba el concierto. Y comenzaba el ruido.
El poder se desató…
Cuando la pantalla mostró hojas en movimiento, nos dimos cuenta de lo que se venía. "Leaves", el primer tema de Mandylion de la velada.
Pensé si acaso no sería muy pronto. Y me dije que no, que este era el DVD más poderoso de The Gathering, y el poder tenía que ser liberado. |
De qué manera. La masa gatherer se desató. Sin control. Las hojas caían, pero lo que no decaía era el ánimo del respetable.
Si con "Leaves" vino el despertar, el siguiente tema marcó la hecatombe. Anneke, en una de sus pocas intervenciones ante el público, gritó "This one is for you, Chile!" No tuvimos mucho tiempo para procesar el mensaje, pues sonó luego el acorde que inicia "Eléanor", el tema más amado por los gatherers chilenos, el tema más poderoso del The Gathering de la era Anneke. Esta vez, los retornos eran mejores. Esta vez se suponía que todo iba a funcionar. Las texturas de Frank eran las originales. El sonido de la guitarra era supremo. La ilusión de la segunda guitarra estuvo bien lograda. Pero los retornos, traídos desde Holanda, tuvieron que competir con una bestia más grande, y más gatherer que nunca. Platea, cancha y hasta palco eran uno en el mar de salto sincronizado. Y de grito. El grito de la gente rivalizó con los parlantes centrales en una pelea épica, de las que componen el ruido más potente. Eso era lo que The Gathering quería.
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3 temas de Mandylion al hilo es un asesinato a la sanidad mental. Pero The Gathering cumpliría esta marca al continuar el movimiento de la bestia ya despertada con "In Motion #1". Las guitarras doomeras se complementaron con el preciso rendimiento de un Frank inspirado, que fue capaz, esta vez sí, de replicar con el teclado cada textura del Mandylion con una exactitud asombrosa. El sonido de este tema fue supremo. Y un Caupolicán derrumbado gritaba con la poca garganta que le quedaba "¡Hazme llorar en vano, deja una lágrima, toca mi cara con tu suspiro...! ¡Déjame contra la corriente, cien mundos me verán abandonarlos...!"
Entregadas como estaban, las casi 5.000 personas que repletaron el Caupolicán no pudieron resistir el siguiente tema, "Waking Hour", de "Home", un pequeño descanso antes de continuar con el poder. Anneke, inspirada, llegaba a todos los tonos bien, mientras el público oía embelesado cómo Anneke declaraba a la bestia lo que sentía,
escuchaba y veía en ese momento: "Puedo verlo. Puedo sentirlo. Es mi hora de despertar. Este es mi lugar. Puedo escucharlo. Puedo sentir el poder en mi corazón. Y es mi momento. Está aquí. Y está mirándome en la cara". Estaba ahí. Era el poder de 5.000 personas llegando al corazón de Anneke y de The Gathering.
Poder que sería incrementado con la congelante "On Most Surfaces" y la candente "Strange Machines". Mientras The Gathering alcanzaba la marca de 4 temazos de Mandylion, la multitud estallaba, y era un solo salto. Era el fin de la primera parte, y comenzaban los bis, eso, en teoría. En la práctica, fue un continuum de gritos y pasión desplegada, que causó que The Gathering no se molestara en esperar mucho para volver.
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¿Qué podía ser más poderoso que "Eléanor" unido a "Strange Machines"? La respuesta era, o un tema nuevo, o algo completamente sacado del sombrero. Y la respuesta no la supimos con un sublime "Great Ocean Road" tocado como debe ser por René, sino con lo que seguía: dos temas absolutamente fuera de toda lógica. Estos eran "Adrenaline", un B-Side de Mandylion que fuera relegado a un EP, y "Third Chance", el tema más poderoso de Nighttime Birds, un tema que rivaliza en poder puro a cualquier tema de Mandylion, pero que jamás había sido tocado en Chile. Fue la mezcla perfecta para encender a la multitud en júbilo y llamas. Todos apreciaban el uso del poder máximo. Habían estado esperándolo toda la vida.
Fue la segunda vez que The Gathering se ocultaba. Esta vez, demoraron más.
Tocaron "Black Light District", y el corazón de todos se llenó de tristeza. Sabíamos que terminaría, a pesar de los esfuerzos de René Rutten con el Theremin, a pesar de su caída al suelo fenomenal con Anneke, a pesar de todos los alargues que René, Anneke, Marjolein y Hans intentaban, a pesar de la espera hasta el final de Frank para cerrar las partes. Sabíamos que iba a haber una luz que nos iba a llevar hacia el fin de ese distrito de luz oscura, pero sabíamos que esa luz nos conduciría al final de la velada. Nadie lo deseaba.
Y así... no ocurrió. |
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Archivado en los anales del DVD quedó "Shrink", el cierre original, pues The Gathering cambió de planes, ante un impactante lienzo que decía sólo "Su música permanecerá por siempre". Sí. Cambió de planes ante un acto de amor de la fanaticada chilena. Y, en vez del corto "Shrink" le regaló 10 minutos de aquella fineza de tema llamada "Travel", un verdadero viaje al fondo de los sentimientos hacia la música, coronada por un coro, en consonancia con el lienzo, que fue coreado a tablero vuelto. Y fue así, con un "Quisiera que supieras, que tu música permanecerá por siempre, y espero...", que terminó esa noche de ensueño, ese momento mágico, esas 2 horas y 30 minutos de concierto, esa inmensa cantidad de decibeles emitidos que fabricaron el ruido más potente jamás concebido, aquel ruido que quedará grabado en la inmortalidad, y en nuestras mortalidades. |
Autor: Alejandro Nova
Editado por: Indiscipline
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