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Chile es el segundo hogar de The Gathering. No importa que la Embajada de Holanda haya estado detrás del primer concierto, desde el 2004 una parte de The Gathering es irremediablemente chilena, y ellos lo saben. No sólo por la estruendosa recepción del 24 de Febrero de 2004, donde una Anneke asombrada veía cómo los retornos del Providencia reventaban ante una multitud que, lejos de simplemente corear, se volvía una masa sónica que competía con su voz hasta derrotarla. No sólo por la hospitalidad de los chilenos, que les dio el recibimiento de superestrella que jamás les han dado en Holanda. Sino por el corazón de los chilenos, que arrastró a uno de los miembros de la banda a unas inolvidables vacaciones por Chiloé. The Gathering estaba condenado a regresar. Y lo hizo. Aunque no al mismo teatro. Se necesitaba un teatro más grande para acomodar a la bestia gatherer chilena. El teatro Caupolicán fue el lugar. La fecha, miércoles 8 de Marzo de 2006.

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La bestia capitalina estaba ensamblada. 3.700 personas en una sola reunión, para vivir una reunión de sensaciones. Una reunión de emociones. Una reunión ante la música, la potencia y el sentimiento de aquella banda holandesa llamada "The Gathering", traducible al castellano simplemente como "La Reunión". Reunidos en la explanada del teatro Caupolicán, sus gradas y sus palcos, estos cuerpos se electrificaban ante la aparición de sus ídolos.
Todos a un tiempo. Hans Rutten en la batería y su hermano René en las guitarras. Marjolein Kooijman en el bajo, Frank Boeijen en los sintetizadores, y finalmente la mágica Anneke van Giersbergen en las voces. Y el poder estaba por desatarse.
Los primeros compases de "Liberty Bell" generaron la ovación y el salto colectivo. La explanada se hizo una masa incontenible de salto sincronizado ante la embrujante voz de Anneke y los acordes de René. Y como en el video de este tema, el único visto en los canales nacionales antes de la llegada de The Gathering, luego del "We're sitting in a chair" se produjo el despegue.
Pero de esta multitud, que salto tras salto ratificaba su emoción ante lo que veía. |
Anneke no atinaba a creer lo que veía. Su felicidad era evidente. Y la multitud fue sometida a una sesión de dramatismo y horror bajo el mantra hipnótico de aquella canción, a la cual hasta los espíritus temen ("Even the spirits are afraid"). Luego de lo cual salió indemne. Físicamente, pues su espíritu había sido conquistado por la delicada voz de la holandesa. Lo cual no cambió, hasta el fin.
Luego del fallido intento de Anneke de gatillar nuestro grito insigne, vino un espontáneo "Feliz cumpleaños" para ella. No lo podía creer. Y aunque denunció ante el público sus problemas vocales, causados por una gripe, ello no importó. Y así, cuando las horas le fueron restadas al día para hacerlo el día más corto ("Shortest Day"), lejos del apurado protagonista de aquella canción, la multitud contemplaba, absorta. Y ayudaba, tal como lo había pedido Anneke. |
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La multitud se levantaba. Caía. Y también todas las opciones entre medio ("In Between"). Y el embrujo continuaba, sostenido por la siempre oportuna Marjolein y el órgano desfasado de Frank. Embrujo que fue aumentado por el debut vocal de la bajista, en la voz de soporte. Una gran canción, cuyo efecto aumentó cuando The Gathering desenfundó aquella bella sesión de puntería colectiva llamada "Broken Glass". El público sin dudar apostaba al caballo más veloz y se dejaba caer en el pasto. Obedecía. Y sus cuerpos obedecían también, a esa extraña vibración, moviéndose en círculos. Sensación que fue aumentando conforme pasaba la velada.
The Gathering nos levantaba. Nos tomaba, y nos forzaba a correr millas y millas, en aquel auto posiblemente hecho en los '50 ("Probably built in the '50s"). Nos llevaba a aquel extraño, pero familiar, parque análogo ("Analog park"). Y nos hacía presenciar aquel reclamo, irónico pero honesto, llamado "Saturnine". Y la multitud iba in crescendo. Se convirtió en un instrumento musical hacia el final de "Saturnine", mejor que todos los samplers que Boeijen hubiera podido comprar. Que, aunque perdía levemente el ritmo en los aplausos, funcionaba perfectamente cuando de corear se trataba.
Y que gritó con toda el alma cuando Anneke sentenció "Realmente, jamás habíamos visto algo como esto. ¡Es asombroso!". Luego de lo cual, una nueva canción vendría. |
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La estática que nunca estuvo presente en el buen sonido del Caupolicán se hizo presente, pero, esta vez, de forma intencional, para servir de acompañamiento a su tema homónimo: "A Noise Severe". El ruido esta vez no vino de la asombrada multitud, sino de las distorsionadísimas guitarras de René, mezcladas con el Rhodes de Boeijen, y los gritos llenos de pasión de Anneke.
Pero no por ello la multitud estaba menos pasmada. No. Era sólo que esta era la sorpresa de The Gathering, para la audiencia.
Los holandeses no dejarían que nos fuéramos sin nuestros "Souvenirs". Y mientras nos decían tantas cosas bellas, nuestras almas flotaban y se hacían una. Reunidas estaban, pero sólo en el espacio. Quizás eso era un problema, y The Gathering encontró la solución. Abrieron el portal del tiempo, y permitieron a las almas de todos los tiempos reunirse con nosotros, en aquel viaje temporal llamado "Travel". Un hipnótico y resonante "I wish you knew... your music was to stay forever... and I hope...", unido a los teclados, guitarras, bajo y batería, que formaban con el público una sinfonía dramática. Que cerró la primera parte del éxtasis.
La segunda parte comenzaría con un anuncio, a su reingreso. Anneke decía que la entretención era para ella mayor que para nosotros. Pero el tema que escogió revirtió la tendencia. Era el primer tema del Mandylion que se oía en la velada: "In Motion #1", y provocó el inmediato movimiento de la audiencia.
La reacción de Chile al Mandylion es como la del bicarbonato ante el vinagre, y si a The Gathering no le había quedado claro, esta era la oportunidad.
El movimiento continuaría. En las gradas. En los palcos. En la explanada. En todas las superficies (On Most Surfaces). Porque The Gathering estaba tocando aquel temazo del Nighttime Birds, y, a pesar de lo congelante del tema, la reacción del monstruo del Caupolicán era fuego puro. The Gathering guardó lo más explosivo para el final, y acertó.
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El gran final de esta andanada explosiva fue anunciado cuando Anneke anunció a Marjolein en las guitarras. Eso significaba sólo una cosa: "Strange Machines". Si la reacción de Chile a Mandylion es intensa, la reacción de Chile a uno de los dos temas más potentes de Mandylion fue monstruosa.
Este temazo marcó el final del concierto. Pero The Gathering aún no se iría.
Nos regalaría algo especial. Fuera del concierto. Sólo para nosotros.
Luego de una pausa, los platillos anunciaron el opus magnum de la velada. Un piano oscuro, una densa atmósfera y las luces apagadas hicieron del Caupolicán lo que The Gathering quería: un recinto donde sólo brillaría la luz negra, un distrito de luz negra (Black Light District). Que a pesar de todos los sistemas eléctricos que nunca dejaron de funcionar, jamás abandonó su absoluta oscuridad. Guitarras, sintetizadores análogos se alternaron y se unieron en una atmósfera que parecía la preparación para la destrucción total. Que vino, finalmente, cuando el teclado quedó solo y pudimos sentir la inmensidad de la oscuridad, interrumpida sólo por la dramática voz de Anneke. La multitud, como Anneke, estaba cegada por la oscuridad. Y no podía caminar, sólo aplaudir. Estaba sin habla. Y Anneke fue nuestro deseo, y fue la voluntad que nos llevó a ver aquella luz brillante, el final de aquel distrito de luz negra. |
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Regalamos a The Gathering dos minutos de ovación y aplauso cerrado esperando su retorno. Nadie quería retirarse. Nadie quería irse. Todos querían más. A pesar de casi dos horas de concierto, nadie quedó satisfecho. No por la baja calidad del concierto, que fue muy bueno, sino porque a todos se nos hizo excesivamente corto. El retorno no se produjo y la sensación en nuestros corazones fue mezclada. Extasiados, porque habíamos visto un show inolvidable, donde Anneke supo sobreponerse a su gripe, donde Frank estuvo libre de los errores que plagaron su concierto pasado en Chile, donde los Rutten estuvieron soberbios y donde Marjolein se reveló con su propio carisma, uno no tan intenso como el de Anneke, pero sí muy dulce. |
Autor Alejandro Nova
Gentileza fotos Claudio Rojas |
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